Industria petrolera causa graves daños al ambiente y a la salud en Salina Cruz, Oaxaca

Escrito por Agustín Mustieles en Contaminación 1 abril 2009

sa Contaminación de esteros, ríos, lagunas y el golfo de Tehuantepec, así como daños a la salud humana y animal, crecimiento poblacional desordenado y el encarecimiento de la vida, son los saldos negativos que ha dejado la industria petrolera a lo largo de 29 años en este puerto, ubicado en el sur del Pacífico oaxaqueño.

“Esa es la herencia que Petróleos Mexicanos (Pemex) nos ha dejado”, reflexionó el dirigente de la Alianza de Pescadores Ribereños y de Altamar, Anselmo López Villalobos, quien añadió que los daños abarcan los renglones de la pesca, medio ambiente, salud pública y el entorno social.

El puerto, de 55 mil habitantes, según cifras del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI), y con más de 100 mil de acuerdo con las autoridades municipales, tiene un rezago de 30 años en el sistema de agua potable, además de que sólo tres de cada 10 viviendas cuentan con drenaje y sus vialidades están devastadas.

A 29 años de que entró en operación la refinería Antonio Dovalí Jaime, con capacidad para procesar 330 mil barriles por día, “Pemex aún tiene una gran deuda social con Oaxaca y el istmo”, dijo el alcalde, Héctor Becerril.

Las afectaciones se extienden además a la pequeña localidad de Salinas del Marqués, donde se prohibió la pesca ribereña desde hace 10 años en la zona de carga de los buques petroleros, en bahía La Ventosa, con la reducción de moluscos y en Boca del Río, donde los maizales “se queman, los frutales no crecen y los animales mueren”.

La pesca de altamar, detalló Anselmo López Villalobos, agoniza. “Por la contaminación se reduce la captura del crustáceo de consumo nacional y de exportación”.

Según un estudio de investigadores universitarios, en los camarones del golfo de Tehuantepec y del complejo lagunar de los indígenas ikoods, desde los años 80 “se tiene la presencia de hidrocarburos poliaromáticos (HAP) y metales pesados, así como de plaguicidas como lindano e insecticidas como endosulfán.

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Jesús León Santos, líder ecologista mixteco, ganador del Premio Ambiental Goldman

Escrito por Agustín Mustieles en Acción medioambiental 24 marzo 2009

pe Pocos lo saben, pero existe un premio tipo «Nobel» de Ecología. El año pasado lo ganó Jesús León Santos, de 42 años, un  campesino indígena mexicano que lleva realizando, en los últimos 25 años, un excepcional trabajo de reforestación en su región  de Oaxaca, México.

El nombre de la recompensa es Premio Ambiental Goldman. Fue creado en 1990 por dos  generosos filántropos y activistas cívicos Estadounidenses  Richard N. Goldman y su esposa Rhoda H. Goldman. Consta de  una dotación de 150.000 USD ($2,154,000 M.N.) y se entrega cada año, en el mes de abril, en la ciudad de San Francisco, California (Estados Unidos). Hasta ahora ha sido  otorgado a defensores del medioambiente de 72 países. En  1991, lo ganó la africana Wangari Maathai, quien luego obtuvo el Premio Nobel de la Paz en 2004.

A Jesús León Santos se lo han dado porque, cuando tenía 18 años, decidió cambiar el paisaje donde vivía en la Mixteca alta, la «tierra del sol». Aquello parecía un panorama lunar: campos yermos y polvorientos, desprovistos de arboleda, sin agua y sin frutos. Había que recorrer grandes distancias en busca de agua y de leña. Casi todos los jóvenes emigraban para nunca regresar, huyendo de semejantes páramos y de esa vida tan dura.

Con otros comuneros del lugar, Jesús León se fijó el objetivo de reverdecer los campos. Y decidió recurrir a unas técnicas agrícolas precolombinas que le enseñaron unos indígenas guatemaltecos para convertir tierras áridas en zonas de cultivo y arboladas.

¿Cómo llevar el proyecto a cabo? Haciendo revivir una herramienta indígena también olvidada: el tequio, el trabajo comunitario no remunerado. Reunió a unas 400 familias de 12 municipios, creó el Centro de Desarrollo Integral Campesino de la Mixteca (Cedicam), y juntos, con recursos económicos limitadísimos, se lanzaron en la gran batalla contra la principal culpable del deterioro: la erosión. pe2

En esa  región Mixteca existen más de 50.000 hectáreas que han perdido unos cinco metros de altura de suelo desde el siglo XVI. La cría intensiva de cabras, el sobre pastoreo y la industria de producción de cal que estableció la Colonia deterioraron la zona. El uso del arado de hierro y la tala intensiva de árboles para la construcción de los imponentes templos dominicos contribuyeron definitivamente a la desertificación.

Jesús León y sus amigos impulsaron un programa de reforestación.
A pico y pala cavaron zanjas-trincheras para retener el agua de las escasas lluvias, sembraron árboles en pequeños viveros, trajeron abono y plantaron barreras vivas para impedir la huida de la tierra fértil.

Todo eso favoreció la recarga del acuífero. Luego, en un esfuerzo titánico, plantaron alrededor de cuatro millones de árboles de especies nativas, aclimatadas al calor y sobrias en la absorción de agua.
Después se fijaron la meta de conseguir, para las comunidades indígenas y campesinas, la soberanía alimentaria.

Desarrollaron un sistema de agricultura sostenible y orgánica, sin uso de pesticidas, gracias al rescate y conservación de las semillas nativas del maíz, cereal originario de esta región.
Sembrando sobre todo una variedad muy propia de la zona, el cajete, que es de las más resistentes a la sequía.

pe3 Se planta entre febrero y marzo, que es allí la época mas seca del año, con muy poca humedad en el suelo, pero cuando llegan las lluvias crece rápidamente. Al cabo de un cuarto de siglo, el milagro se ha producido. Hoy la Mixteca alta esta restaurada. Ha vuelto a reverdecer. Han surgido manantiales con más agua. Hay árboles y alimentos. Y la gente ya no  emigra.

Actualmente, Jesús León y sus amigos luchan contra los transgénicos, y siembran unos 200.000 árboles anuales. Cada día hacen retroceder la línea de la desertificación. Con la madera de los árboles se ha podido rescatar una actividad artesanal que estaba desapareciendo : la elaboración, en talleres familiares, de yugos de madera y utensilios de uso corriente.

Además, se han enterrado en  lugares estratégicos cisternas de ferrocemento, de más de 10.000 litros de capacidad, que también recogen el agua de lluvia para el riego de invernaderos familiares orgánicos.

El ejemplo de Jesús León es ahora imitado por varias comunidades vecinas, que también han creado viveros comunitarios y organizan temporalmente plantaciones  masivas.

En un mundo donde las noticias, con frecuencia, son  negativas y deprimentes, esta historia ejemplar ha pasado  desapercibida.

Vía: Consultoría ambiental

Más información, fotografías y videos: Premio Ambiental Goldman 2008




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