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El compromiso Monsanto
* Escrito por Vincent Boix, escritor
y autor del libro “El parque de las hamacas”
Gruñidos en el desierto.
“Hemos conseguido mejores semillas y mejores opciones para los agricultores en países desarrollados y en vías de desarrollo -para ayudarles a cosechar más alimentos, a utilizar menos pesticidas y a mejorar sus oportunidades económicas.”
Hugh Grant, presidente de Monsanto. (1)
“Contribuir a la mejora del nivel de vida de los agricultores. La compañía ayudará a mejorar el nivel de vida de los agricultores, incluyendo cinco millones de personas de familias de agricultores con pocos recursos en 2020.”
“El tercer elemento del compromiso de Monsanto es mejorar la vida de los agricultores, incluyendo tanto a los pequeños agricultores como a los agricultores con pocos recursos. Parte de este compromiso es ofrecer productos que incrementan la productividad y reducen los gastos necesarios para combatir los insectos, malas hierbas y otros problemas que afectan a los cultivos.”
Extracto del Compromiso de Monsanto para aumentar la productividad. Junio de 2008. (2)
Se abre el telón.
Al parecer, Monsanto, la transnacional química y biotecnológica, está comprometida con el bienestar del agricultor, su economía y su estilo de vida. Desde hace años, la industria y su comparsa ha venido argumentando y defendiendo que con la transgenia la situación económica del agricultor iba a mejorar notablemente, con todo lo que ello conlleva: mejora en la alimentación, acceso a educación, reducción de la pobreza, etc.
La propaganda inicial fue más allá, cuando advertía sin tapujo alguno, que los transgénicos eran un instrumento necesario para reducir el hambre en el mundo. Por momentos, los principios y los valores de ciertas multinacionales químicas, se parecían más a los de una ONG que a los de aquellas que fabricaron el DBCP, los PCB’s o el agente naranja.
No hace mucho, sacaban pecho ante las supuestas bondades económicas de los transgénicos. Claro, sin tener en cuenta que el negocio lo hacían unos pocos y que dicha tecnología favorecía la desestructuración del tejido productivo y social. Bajo este prisma reduccionista y cortoplacista, se cometieron autenticas aberraciones. Por ejemplo, Argentina sembró de soja (mayoritariamente transgénica) más de la mitad de su superficie cultivable. Con el avance de las semillas modificadas genéticamente se talaron bosques, se incrementó el uso de químicos, se expulsó a campesinos de sus tierras, se descuidó la soberanía alimentaria en favor de la agroexportación, se abandonaron variedades tradicionales, etc. El agricultor, poco a poco, se fue enganchando a un paquete tecnológico. También a un modelo agrícola basado en la exportación, sustentado en el libre mercado y gobernado por intermediarios, latifundistas y transnacionales de diferente pelaje.


