Cabo Pulmo, la reserva marina con mejores resultados a nivel mundial

Escrito por Oscar Ramírez Maldonado en Acción medioambiental,Biodiversidad,Conservación 16 agosto 2011

El Parque Nacional Cabo Pulmo (PNCP) abarca 71 kilómetros cuadrados en el Golfo de California, México. Esta reserva, creada en 1995, ha logrado convertirse en la más saludable del mundo. Un estudio dirigido por investigadores del Instituto de Oceanografía Scripps de la Universidad de California San Diego, y publicado en la revista Public Library of Science (PLoS) ONE, revela que en 10 años -entre 1999 y 2009- este parque nacional aumentó el número de su biomasa en 460%. Octavio Aburto-Oropeza, autor principal del estudio y becario “Kathryn Fuller” del Fondo Mundial para la Naturaleza, afirma que “ninguna reserva marina en el mundo ha demostrado tal recuperación de peces».

Uno de los resultados del estudio, según sus autores, es que es posible recuperar las comunidades de peces en un arrecife sobreeplotado y llevarlas a niveles comparados con arrecifes en los que nunca ha existido actividad pesquera. «El éxito del PNCP es en gran parte por el liderazgo local, el cumplimiento efectivo de las reglas por los actores y el apoyo de la comunidad en general», dicen los autores del reporte. Las reservas marinas que se implementan estrictamente ayudan a recuperar la estructura comunitaria y disminuyen la pobreza al incrementar los beneficios económicos, señala el estudio. La recuperación en la reserva de Cabo Pulmo sostiene negocios de eco turismo y lo han convertido en un modelo para otras áreas explotadas por la pesca en el Golfo de California y otras localidades del mundo.

«Yo participé, en los años noventas, en los estudios para la declaración del Parque Marino. Francamente, decidimos proceder con el decreto porque la comunidad estaba decidida; sin embargo, ese lugar no estaba en un estado de salud muy buena en aquel momento», dijo el investigador mexicano Exequiel Ezcurra, coautor del estudio y director del Instituto para México y Estados Unidos de la Universidad de California (UC MEXUS). «Si visitas el lugar ahora, no puedes creer el cambio que se ha llevado a cabo. Y todo esto ha ocurrido gracias a la determinación de los pobladores de Cabo Pulmo», abundó Ezcurra.

En diez años de estudio se monitorearon los arrecifes rocosos del Golfo de California, realizando muestreos en más de 30 islas y en zonas costeras a lo largo de la península de Baja California. Durante este lapso se encontró que la riqueza de especies en la reserva se duplicó; tiburones tigre, tiburones toro y el tiburón puntas negras se han incrementado significativamente.

Este parque nacional colinda con el desarrollo turístico de Cabo Cortés, un proyecto que prevé la construcción de 27 mil metros cuadrados, campos de golf y una marina. Asimismo, a tan solo 30 kilómetros de distancia, se está planeando construir otro proyecto llamado Grand Coral Los Cabos, que contempla 36 mil cuartos de hotel y un campo de golf. Estos dos proyectos ponen en riesgo la reserva de Cabo Pulmo, la cual ha logrado ser un ejemplo de eficacia a nivel mundial.

Fuentes: Public Library of Science (PLoS) ONE, La Jornada, Greenpeace




El 20% de las especies de lamprea se encuentran en peligro

Escrito por Oscar Ramírez Maldonado en Biodiversidad,Conservación 29 julio 2011

Un estudio reciente, elaborado por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), determinó que el 20% de las especies de lamprea están en un elevado riesgo de extinción. Los resultados de esta investigación, realizada en colaboración con Conservación Internacional (CI), indica que las causas principales de la disminución de lampreas están directa e indirectamente relacionadas con la actividad pesquera. La sobreexplotación y pesca destructiva son las mayores amenazas para las distintas especies de lamprea, incluidas la Myxine paucidens y la Paramyxine taiwanae, ambas en peligro de extinción. Sumado a ello, no se han implementado medidas de conservación ni existen legislaciones vigentes destinadas a proteger esta especie.

Las lampreas representan una línea evolutiva antigua y única. Esta especie juega un papel muy importante en la limpieza del piso océanico y en el reciclaje de nutrientes en la cadena alimenticia que mantiene la salud general del ecosistema en el que habitan. “En muchas regiones geográficas, solamente una o dos especies de lamprea están presentes, por lo tanto su pérdida o disminución, incluso de una sola especie, produce un deterioro en el ecosistema como un todo, así como la pesca que depende de éste”, señaló el dr. Michael Mincarone, profesor de Zoología en la Universidad Federal de Río de Janeiro y uno de los autores del estudio.

Las áreas de mayor preocupación,señala el estudio, son el sur de Australia, donde la única especie de lamprea que existe está amenazada, y la costa sur de Brasil. También es preocupante la situación en el este del Mar de China, la costa pacífica de Japón y la costa de Taiwán; en estas áreas, cuatro de las trece especies de lamprea que ahí se encuentran están en peligro de extinción.

La pesca mundial se beneficia directamente de la captura de lamprea, por ejemplo de la Myxine garmani (vulnerable) y la Eptatretus burgeri (casi amenazada) para fines alimenticios y productos de piel. La lamprea es también una parte importante de la cadena alimenticia al ser presa de pescados, aves marinas y mamíferos marinos, incluida la foca. Cuando la pesca se enfocó en la lamprea en ciertas regiones del Atlántico noroeste, la población de algunas especies de valor comercial se desplomó.

Leer completo en IUCN (versión en inglés)




La Comisión Ballenera Internacional transparenta pago de cuotas

Escrito por Oscar Ramírez Maldonado en Biodiversidad,Conservación 14 julio 2011

El día de ayer, la Comisión Ballenera Internacional arpobó medidas para transparentar el pago de cuotas. Durante su reunión número 63, que se realiza en Jersey, Inglaterra, la Comisión decidió tomar esta medida ante la sospecha de que algunos países pro-caza de ballenas -especialmente Japón- han cubierto las cuotas de otros países miembro a cambio de su apoyo. Estas acusaciones han debilitado fuertemente la credibilidad de esta asociación y han representado un obstáculo en la exitosa defensa y preservación de los cetáceos.

El nuevo protocolo elimina la capacidad de los Estados miembros de pagar en efectivo sus cuotas durante las reuniones, práctica que había sido fuertemente criticada por algunos de sus integrantes y por organizaciones no gubernametnales. Los cambios impulsados por el Reino Unido y otros 16 países de la Unión Europea exigen que los pagos se realicen vía transferencia bancaria desde una cuenta perteneciente al gobierno del Estado miembro. Esto permitirá un mejor seguimiento del origen de estos recursos y evitará el flujo de grandes sumas de dinero en efectivo.

La delegación de inglesa calificó la resolución como el mínimo nivel de cambios requeridos para modernizar a la Comisión. El texto aprobado, señala que estas modificaciones intentan “asegurar que las reglas y procedimientos de la Comisión se mantengan al día con las buenas prácticas internacionales”.

Vía : WWF




El atún, el delfín, Dolphin Safe y la OMC

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Comercio,Conservación 11 mayo 2011

Un pánel de la Organización Mundial de Comercio (OMC) acaba de dar un duro golpe a una etiqueta supuestamente ambientalista de Estados Unidos, según el Washington Trade Daily. Se trata de la etiqueta Dolphin Safe, sin la cuál ninguna lata de atún puede entrar al mercado estadunidense, y que garantiza que el atún se pescó sin cercar delfines. Aparentemente, la decisión de la OMC va contra el medio ambiente, pero en realidad podría ser un gran empujón a la explotación sustentable de los recursos pesqueros.

Por alguna razón que los científicos no alcanzan a entender, a los atunes de la costa americana del Pacífico les gusta la sombra. Cuando son pequeños, antes de reproducirse, se aglomeran bajo cualquier objeto flotante que encuentran y conviven con tiburones, tortugas, mantarrayas y decenas de otras especies. Cuando crecen, en cambio, prefieren nadar a la sombra de los delfines. Y a los humanos nos gusta pescarlos.

México y otros países del continente aprovechan este gusto del atún por nadar debajo de los grupos de delfines que atraviesan el Pacífico de cabo a rabo. Durante décadas, esto se hizo de la peor manera: se cercaban los delfines, se cerraban las redes por debajo y se levantaban con todo lo que había dentro. Sin embargo, hace años que esta práctica se corrigió, gracias a la Comisión Inter Americana del Atún Tropical, que impulsó un acuerdo para proteger a estos mamíferos marinos. Hoy, cada barco que pesca atún cercando delfines lleva un observador a bordo que garantiza que los delfines fueron liberados antes de subir las redes. Así, una forma muy destructiva de pescar se hizo sustentable: se protege a los delfines, se garantiza que no hay pesca de descarte, y el atún pescado es atún adulto, que ya se reprodujo, por lo que la especie no es amenazada.

Estados Unidos, en cambio, pesca el atún soltando objetos flotantes en el mar para atraer a los atunes más pequeños. Cuando sus barcos cercan estos objetos flotantes con sus redes y las levantan, se llevan no sólo atunes que no se han reproducido aún, sino decenas de otros peces y animales marinos que ni la deben ni la temen, y muchos de los cuáles están en peligro de extinción. Para hacer más grave la cosa, Estados Unidos prohíbe de hecho la importación a su territorio de atún pescado con cercos sobre delfines, usando la etiqueta Dolphin Safe y sus derivados, las únicas autorizadas para anunciar un atún como sustentable, que México había desafiado ante la OMC. De esta forma, se usa una herramienta aparentemente defensora del medio ambiente para impulsar su depredación.

Si, en efecto, la OMC da la razón a México en la controversia que interpuso contra la etiqueta Dolphin Safe, ésta es una estupenda noticia para la protección de las especies marinas. Si se mantuviera Dolphin Safe, las compañías pesqueras de toda América tendrían incentivos para sacrificar el medio ambiente y defender sus mercados. En cambio, si ésta sí fue declarada ilegal, podrán seguir pescando cercando a los delfines y liberándolos después, como han hecho hasta ahora con mucho éxito, y con mucha sustentabilidad.




La pesca, los subsidios y el colapso, y VI: ¿qué pasa en México?

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas 29 enero 2011

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Foto: Michele Molinari, con Licencia CC

El gobierno federal mexicano tiene una docena de programas de subsidios a la pesca, que en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2011 sumaron 3 mil 545 millones de pesos. Estos programas (como todos los que van destinados al campo) están agrupados en el Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable. El Programa Especial Concurrente, a su vez, está dividido en varios componentes, que se rigen por las Reglas de Operación que la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) publica cada año.

En el componente que se refiere al Apoyo a la Inversión en Equipamiento e Infraestructura se incluyen los recursos para acuicultura y similares y de competitividad, que buscan “incrementar los niveles de capitalización de las unidades económicas pesqueras y acuícolas a través del apoyo subsidiario a la inversión en bienes de capital estratégicos para equipamiento e infraestructura”. Estos programas suman 925 millones de pesos.

También se contempla un fondo de electrificación para granjas acuícolas, con 190 millones de pesos, y un programa de Modernización de la Flota Pesquera y Racionalización del Esfuerzo Pesquero, que busca reducir el consumo de combustible de las embarcaciones. Este último tiene un presupuesto de 520 millones de pesos. Además, para el ejercicio fiscal de 2011 se etiquetaron recursos por 50 millones de pesos, que buscan aprovechar mejor la diversidad genética de la pesca.

En México hay un apoyo muy fuerte a los pescadores para que el dinero no se les vaya todo en combustible. En sus dos vertientes, de diésel marino y de gasolina ribereña, contempla un gasto de 800 millones de pesos. Los hombres de mar mexicanos cuentan también con una garantía contra fenómenos adversos, de 150 millones de pesos, y con un fondo para el desarrollo de mercados para su producto de 20 millones de pesos.

Dentro del programa de Sustentabilidad de los Recursos Naturales se establecen además dos programas. El primero, de Disminución del Esfuerzo Pesquero, cuenta con un presupuesto de 250 millones de pesos y busca “el retiro voluntario de embarcaciones que integran la flota mayor”. El segundo, de ordenamiento pesquero y acuícola, cuenta con 300 millones de pesos para generar instrumentos y mecanismos de regulación de las pesquerías y para “inducir el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales”.

Además, hay varios programas que, aunque no van destinados explícitamente a la pesca, sí la afectan. Es el caso, por ejemplo, de los recursos para sanidad animal, o los de vigilancia del mar, que no van directamente etiquetados para el mar, pero de los que gozan quienes trabajan en las aguas nacionales.

La clasificación de algunos de los programas según las categorías que propuso el equipo de UBC es relativamente fácil. Así, por ejemplo, el programa de subsidio al Diésel Marino es claramente malo, y el de Disminución del Esfuerzo Pesquero, que además de retirar permisos y concesiones implica el desmantelamiento del barco, es obviamente bueno. Sin embargo, muchos otros son más bien feos, y hay que ir caso por caso para saber cuál es su efecto real en el mar.

La urgencia de decidir qué subsidios mantener, cuáles transformar y cuáles eliminar se hace patente al ver el estado de las pesquerías mexicanas –además, por supuesto, del estado general de las poblaciones de pescadores en términos de pobreza y potencial desperdiciado–.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

III. Los subsidios según UBC

IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?

V. ¿Qué permitir y qué prohibir?




La pesca, los subsidios y el colapso V: ¿qué permitir y qué prohibir?

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas 28 enero 2011

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Foto: Eugenio Fernández Vázquez con licencia CC

La industria de la pesca no es un monolito. Al contrario, bajo esa etiqueta se incluyen actividades tanto en agua dulce como en agua salada, y en tierra, como es el caso de la acuacultura. Los productos que se obtienen de esas distintas aguas también son muy variados: incluyen desde especies con tasas de reproducción tan altas que puede pescarse el 90% de una población sin amenazar su supervivencia, como el camarón, hasta especies de reproducción muy baja y con pocas esperanzas de sobrevivir a las amenazas, como algunas especies de tiburón.

Tampoco la población pesquera es homogénea: como pescadores se identifican tanto las grandes corporaciones que pescan en todos los mares, con flotas enormes, acciones que se venden en varios pisos de remate y miles de trabajadores, como las empresas familiares o los trabajadores del mar por cuenta propia. No es homogéneo ni siquiera el mar del que sacan sus productos: no es lo mismo la pesca de artes menores, que se hace a algunos centenares de metros de la playa, que la pesca de altura, que se hace a muchos kilómetros del litoral. Los artes o instrumentos que se usan para pescar son también distintos, y una tarraya como las usadas por los pescadores a pie de ola no puede entrar en la misma categoría que la pesca de arrastre de grandes profundidades. Todos estos factores deben ser tomados en cuenta al hacer la evaluación de un subsidio a la pesca.

1. ¿Qué se pesca?

Al decidir si un subsidio se parece al bueno de Clint Eastwood o al malo de Lee van Cleef, por seguir con la metáfora del equipo de UBC, uno de los elementos a tomar en cuenta es qué se pesca y cuáles son sus condiciones biológicas. También es importante revisar cuál es el estatus legal de esa especie (¿está protegida? ¿su comercio está permitido?, por ejemplo).

Un subsidio que apoya la pesca de especies protegidas por la legislación del país en cuyo territorio se pesca, o que a pesar de su alta movilidad son parte del ecosistema del litoral de dicho país, no debería ser autorizado. Lo mismo pasa con la legislación internacional: los subsidios a especies en la lista de CITES, o en estados de “en peligro” a “extinta” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, no deberían estar permitidos.

Lo mismo ocurre con el estado de una pesquería o de un banco. Si un estudio validado por gobiernos u organizaciones internacionales (los estándares a los que se someta la evaluación deben ser validados por los actores involucrados) estima que una pesquería está explotada hasta el límite de su capacidad o más allá de él, no deberían autorizarse fondos gubernamentales para mantener artificialmente vivas las actividades que se desarrollan en ella.

2. ¿Quién pesca?

Casi todos los acuerdos internacionales contemplan un “trato especial y diferenciado” para los países en desarrollo o los países menos desarrollados. Siguiendo esa línea, hay que tener en cuenta quién recibe el subsidio, y quién lo otorga. No es lo mismo un subsidio otorgado por el gobierno de un país en desarrollo, o en una economía pequeña y vulnerable, o por una organización internacional a un país en desarrollo, que los fondos desembolsados por un país desarrollado y con una economía sólida con la capacidad para absorber a quienes dejen el sector.

Tampoco es lo mismo quién, dentro de cada país, recibe el subsidio. Una cosa es financiar la pesca artesanal o de bajura, mantener vivas ciertas comunidades pesqueras por valores que se les otorgan –desde productivos hasta culturales o estéticos– y otra es financiar, de una u otra forma, las actividades de las grandes corporaciones pesqueras.

Foto: Lorenzo Maddalena, con licencia CC

3. ¿Dónde se pesca?

Un factor que no es nada fácil de determinar es hasta dónde debe llegar la regulación de los subsidios. Los ecosistemas no tienen fronteras claramente definidas, y mucho menos los mares, que interactúan permanentemente y forman un tejido biológico que cubre el planeta entero. Sin embargo, los países sí tienen límites, aunque la soberanía con que ejerzan su autoridad en esos límites está a discusión.

No sólo debe tomarse en cuenta dónde se realiza la pesca y bajo la autoridad de quién (la zona económica exclusiva de un país, una zona bajo la tutela de una organización reguladora regional, aguas internacionales). Además, debe tenerse en consideración si esa pesca es de altamar, si está antes o después del final de las plataformas continentales y si tiene otra serie de características que distinguen esa área específica.

4. ¿Cómo se pesca?

Distintas formas de pesca tienen distintos impactos ambientales. No es lo mismo la pesca de cerco que la de arrastre, y una red no es lo mismo que otra. Hay ciertas formas de pescar claramente destructivas que no deben ser subsidiadas, si queremos seguir comiendo pescado y gozando de los servicios ambientales de la biodiversidad marina.

Hay, por ejemplo, amplio acuerdo sobre la necesidad de eliminar las redes de deriva y la pesca de arrastre. Una forma de hacerlo sería eliminar los subsidios que se les otorgan. Lo mismo ocurre con aquellas técnicas de pesca que, aunque tengan aparatos y aparejos aparentemente sustentables, por la forma en que se usan dañan el ecosistema. La pesca con líneas no es mala en sí, pero puede ser desastrosa dependiendo de la carnada que se uso y el cuidado que se ponga en su despliegue.

Y a todo esto, ¿México dónde está parado? Eso lo veremos en el siguiente y último artículo de la serie.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

III. Los subsidios según UBC

IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?

y VI. ¿Qué pasa en México?




La pesca, los subsidios y el colapso IV: ¿qué es, y qué no, un subsidio?

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas 27 enero 2011

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Uno de los principales problemas para lidiar con los subsidios ha sido el de decidir qué se incluye y qué no en la categoría: ¿Los apoyos horizontales, que afectan a todos los sectores, cuentan? ¿Qué se entiende por gobierno? ¿Qué se entiende por industria, o por sector? Además, desde cada perspectiva hay definiciones distintas, dependiendo de qué es lo que se busca explicar.

Foto: Eugenio Fernández Vázquez, con licencia CC

Según el estudio de UBC, en términos económicos los subsidios son “pagos por gobiernos a consumidores o productores que hacen que el factor costo recibido por los productores sea mayor que el precio de mercado cobrado por los mismos”. También anota que son programas de gobierno que permiten a una empresa aumentar sus ganancias por encima de lo que lo harían sin intervención del organismo público.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico define los subsidios como transferencias financieras gubernamentales. Estos son pagos directos, transferencias de reducción o absorción de costos, servicios generales (desde infraestructura portuaria hasta investigación y desarrollo) y apoyo de mercado (control de precios, etc).

La Organización Mundial de Comercio, por su parte, los define como contribuciones financieras del gobierno. Éstas pueden ser en forma, una vez más, de pagos directos, de impuestos perdonados, de bienes o servicios públicos específicos para el sector, o pagos de seguros o fideicomisos.

La Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO), a su vez, los define como “acciones o inacciones del gobierno que modifican las ganancias potenciales” en el sector. Estas acciones pueden ser positivas –aumentar la ganancias– o negativas –reducirlas–.

En términos ambientales, según cita el estudio de UBC, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) definió los subsidios a la pesca en términos ambientales, como “todo apoyo gubernamental a la industria pesquera que pueda tener un papel importante en animar la sobrepesca”. WWF también advirtió, según el mismo trabajo, que la definición de un subsidio no es neutral: tiene profundas implicaciones en política pública, por lo que se ataca o se apoya y se estudia o se ignora un subsidio según la definición que se tenga de ese instrumento.

Con esto en mente, ahora hay que saber qué atacar y qué permitir. ¿Es lo mismo un subsidio a una gran factoría que a una comunidad de pescadores? ¿Se debe tratar igual a un país en desarrollo que a un país del primer mundo? ¿Y si los afectados por los recortes a los subsidios en realidad no son los responsables del colapso? De esto hablaremos en el siguiente artículo.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

III. Los subsidios según UBC

V. ¿Qué permitir y qué prohibir?

y VI. ¿Qué pasa en México?




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