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El 20% de las especies de lamprea se encuentran en peligro
Un estudio reciente, elaborado por la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), determinó que el 20% de las especies de lamprea están en un elevado riesgo de extinción. Los resultados de esta investigación, realizada en colaboración con Conservación Internacional (CI), indica que las causas principales de la disminución de lampreas están directa e indirectamente relacionadas con la actividad pesquera. La sobreexplotación y pesca destructiva son las mayores amenazas para las distintas especies de lamprea, incluidas la Myxine paucidens y la Paramyxine taiwanae, ambas en peligro de extinción. Sumado a ello, no se han implementado medidas de conservación ni existen legislaciones vigentes destinadas a proteger esta especie.
Las lampreas representan una línea evolutiva antigua y única. Esta especie juega un papel muy importante en la limpieza del piso océanico y en el reciclaje de nutrientes en la cadena alimenticia que mantiene la salud general del ecosistema en el que habitan. “En muchas regiones geográficas, solamente una o dos especies de lamprea están presentes, por lo tanto su pérdida o disminución, incluso de una sola especie, produce un deterioro en el ecosistema como un todo, así como la pesca que depende de éste”, señaló el dr. Michael Mincarone, profesor de Zoología en la Universidad Federal de Río de Janeiro y uno de los autores del estudio.
Las áreas de mayor preocupación,señala el estudio, son el sur de Australia, donde la única especie de lamprea que existe está amenazada, y la costa sur de Brasil. También es preocupante la situación en el este del Mar de China, la costa pacífica de Japón y la costa de Taiwán; en estas áreas, cuatro de las trece especies de lamprea que ahí se encuentran están en peligro de extinción.
La pesca mundial se beneficia directamente de la captura de lamprea, por ejemplo de la Myxine garmani (vulnerable) y la Eptatretus burgeri (casi amenazada) para fines alimenticios y productos de piel. La lamprea es también una parte importante de la cadena alimenticia al ser presa de pescados, aves marinas y mamíferos marinos, incluida la foca. Cuando la pesca se enfocó en la lamprea en ciertas regiones del Atlántico noroeste, la población de algunas especies de valor comercial se desplomó.
Leer completo en IUCN (versión en inglés)
Pérdida de hielo y liberación de contaminantes orgánicos persistentes en los Polos
La semana inició con información de dos estudios que revelan datos preocupante respecto al la pérdida de hielo en los polos del planeta. Un trabajo realizado por la Universidad de Maryland; la Universidad de Toluse, Francia; y la Universidad de Colorado reveló la cantidad de pérdida de hielo y el aumento resultante en el nivel del mar debido a los cambios que se han registrado en la Antártica. Por otra parte, investigadores de Canadá, China y Noruega anunciaron los resultados de un estudio en el que se encontró evidencia de que contamintantes orgánicos persistentes (POPs, por sus siglas en inglés) se están “removilizando” en el Ártico a causa del cambio climático.
El primer estudio detalla que, debido al colapso por el cambio climático de las plataformas de hielo en el continente Antártico, se ha registrado una pérdida continua de hielo en los glaciares. Una plataforma es una gruesa extensión de hielo alimentada por un glaciar, que se extiende desde la tierra hacia el mar. Los estudios recientes han demostrado que las plataformas tienen una función de “contención”, y cuando uno se colapsa, el glaciar que la alimenta acelera su camino hacia el mar, teniendo mayor pérdida de hielo. El equipo de investigación combinó datos satelitales de la NASA, de la Agencia Francesa del Espacio, y otras mediciones recolectadas en misiones aéreas para elaborar un mapa detallado de la pérdida de hielo entre 2001 y 2010 en los glaciares que alimentaban las plataformas de hielo A y B de Larsen, colapsadas en 1995 y 2002 respectivamente. El análisis ha revelado que la elevación en algunos glaciares ha disminuido de manera acelerada en más de 150 metros. Además, la pérdida de hielo se ubica de 2001 a 2006 en un promedio de 11.2 giga-toneladas (11,2 mil millones de toneladas) por año, mientras que entre 2006 y 2010 la cifra se ubica en 10.2 giga-toneladas (10,2 mil millones de toneladas anuales.
Mientras tanto, en el Ártico se ha econtrado evidencia de que durante las últimas dos décadas el cambio climático está liberando en la atmósfera contaminantes orgánicos persistentes como DDT, lindano y clordano, lo que merma los esfuerzos internacionales por evitar la exposición del ambiente y del ser humano a estos químicos tóxicos. Estos contaminantes pueden viajar largas distancias a través de las corrientes de aire y acumularse en los suministros de agua y comida, así como en la grasa corporal de humanos y otros animales. Los resultados obtenidos del análisis de datos de 20 años de monitoreo del aire en el Ártico, señalan que si las condiciones se mantienen o se tornan más cálidas se liberaría una cantidad mayor de contaminantes orgánicos persistentes a la atmósfera.
Fuente: Nasa y New York Times
La Comisión Ballenera Internacional transparenta pago de cuotas
El día de ayer, la Comisión Ballenera Internacional arpobó medidas para transparentar el pago de cuotas. Durante su reunión número 63, que se realiza en Jersey, Inglaterra, la Comisión decidió tomar esta medida ante la sospecha de que algunos países pro-caza de ballenas -especialmente Japón- han cubierto las cuotas de otros países miembro a cambio de su apoyo. Estas acusaciones han debilitado fuertemente la credibilidad de esta asociación y han representado un obstáculo en la exitosa defensa y preservación de los cetáceos.
El nuevo protocolo elimina la capacidad de los Estados miembros de pagar en efectivo sus cuotas durante las reuniones, práctica que había sido fuertemente criticada por algunos de sus integrantes y por organizaciones no gubernametnales. Los cambios impulsados por el Reino Unido y otros 16 países de la Unión Europea exigen que los pagos se realicen vía transferencia bancaria desde una cuenta perteneciente al gobierno del Estado miembro. Esto permitirá un mejor seguimiento del origen de estos recursos y evitará el flujo de grandes sumas de dinero en efectivo.
La delegación de inglesa calificó la resolución como el mínimo nivel de cambios requeridos para modernizar a la Comisión. El texto aprobado, señala que estas modificaciones intentan “asegurar que las reglas y procedimientos de la Comisión se mantengan al día con las buenas prácticas internacionales”.
Vía : WWF
La pesca, los subsidios y el colapso, y VI: ¿qué pasa en México?
La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.
El gobierno federal mexicano tiene una docena de programas de subsidios a la pesca, que en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2011 sumaron 3 mil 545 millones de pesos. Estos programas (como todos los que van destinados al campo) están agrupados en el Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable. El Programa Especial Concurrente, a su vez, está dividido en varios componentes, que se rigen por las Reglas de Operación que la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) publica cada año.
En el componente que se refiere al Apoyo a la Inversión en Equipamiento e Infraestructura se incluyen los recursos para acuicultura y similares y de competitividad, que buscan “incrementar los niveles de capitalización de las unidades económicas pesqueras y acuícolas a través del apoyo subsidiario a la inversión en bienes de capital estratégicos para equipamiento e infraestructura”. Estos programas suman 925 millones de pesos.
También se contempla un fondo de electrificación para granjas acuícolas, con 190 millones de pesos, y un programa de Modernización de la Flota Pesquera y Racionalización del Esfuerzo Pesquero, que busca reducir el consumo de combustible de las embarcaciones. Este último tiene un presupuesto de 520 millones de pesos. Además, para el ejercicio fiscal de 2011 se etiquetaron recursos por 50 millones de pesos, que buscan aprovechar mejor la diversidad genética de la pesca.
En México hay un apoyo muy fuerte a los pescadores para que el dinero no se les vaya todo en combustible. En sus dos vertientes, de diésel marino y de gasolina ribereña, contempla un gasto de 800 millones de pesos. Los hombres de mar mexicanos cuentan también con una garantía contra fenómenos adversos, de 150 millones de pesos, y con un fondo para el desarrollo de mercados para su producto de 20 millones de pesos.
Dentro del programa de Sustentabilidad de los Recursos Naturales se establecen además dos programas. El primero, de Disminución del Esfuerzo Pesquero, cuenta con un presupuesto de 250 millones de pesos y busca “el retiro voluntario de embarcaciones que integran la flota mayor”. El segundo, de ordenamiento pesquero y acuícola, cuenta con 300 millones de pesos para generar instrumentos y mecanismos de regulación de las pesquerías y para “inducir el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales”.
Además, hay varios programas que, aunque no van destinados explícitamente a la pesca, sí la afectan. Es el caso, por ejemplo, de los recursos para sanidad animal, o los de vigilancia del mar, que no van directamente etiquetados para el mar, pero de los que gozan quienes trabajan en las aguas nacionales.
La clasificación de algunos de los programas según las categorías que propuso el equipo de UBC es relativamente fácil. Así, por ejemplo, el programa de subsidio al Diésel Marino es claramente malo, y el de Disminución del Esfuerzo Pesquero, que además de retirar permisos y concesiones implica el desmantelamiento del barco, es obviamente bueno. Sin embargo, muchos otros son más bien feos, y hay que ir caso por caso para saber cuál es su efecto real en el mar.
La urgencia de decidir qué subsidios mantener, cuáles transformar y cuáles eliminar se hace patente al ver el estado de las pesquerías mexicanas –además, por supuesto, del estado general de las poblaciones de pescadores en términos de pobreza y potencial desperdiciado–.
Otros artículos de la serie:
IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?
V. ¿Qué permitir y qué prohibir?
La pesca, los subsidios y el colapso V: ¿qué permitir y qué prohibir?
La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.
La industria de la pesca no es un monolito. Al contrario, bajo esa etiqueta se incluyen actividades tanto en agua dulce como en agua salada, y en tierra, como es el caso de la acuacultura. Los productos que se obtienen de esas distintas aguas también son muy variados: incluyen desde especies con tasas de reproducción tan altas que puede pescarse el 90% de una población sin amenazar su supervivencia, como el camarón, hasta especies de reproducción muy baja y con pocas esperanzas de sobrevivir a las amenazas, como algunas especies de tiburón.
Tampoco la población pesquera es homogénea: como pescadores se identifican tanto las grandes corporaciones que pescan en todos los mares, con flotas enormes, acciones que se venden en varios pisos de remate y miles de trabajadores, como las empresas familiares o los trabajadores del mar por cuenta propia. No es homogéneo ni siquiera el mar del que sacan sus productos: no es lo mismo la pesca de artes menores, que se hace a algunos centenares de metros de la playa, que la pesca de altura, que se hace a muchos kilómetros del litoral. Los artes o instrumentos que se usan para pescar son también distintos, y una tarraya como las usadas por los pescadores a pie de ola no puede entrar en la misma categoría que la pesca de arrastre de grandes profundidades. Todos estos factores deben ser tomados en cuenta al hacer la evaluación de un subsidio a la pesca.
1. ¿Qué se pesca?
Al decidir si un subsidio se parece al bueno de Clint Eastwood o al malo de Lee van Cleef, por seguir con la metáfora del equipo de UBC, uno de los elementos a tomar en cuenta es qué se pesca y cuáles son sus condiciones biológicas. También es importante revisar cuál es el estatus legal de esa especie (¿está protegida? ¿su comercio está permitido?, por ejemplo).
Un subsidio que apoya la pesca de especies protegidas por la legislación del país en cuyo territorio se pesca, o que a pesar de su alta movilidad son parte del ecosistema del litoral de dicho país, no debería ser autorizado. Lo mismo pasa con la legislación internacional: los subsidios a especies en la lista de CITES, o en estados de “en peligro” a “extinta” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, no deberían estar permitidos.
Lo mismo ocurre con el estado de una pesquería o de un banco. Si un estudio validado por gobiernos u organizaciones internacionales (los estándares a los que se someta la evaluación deben ser validados por los actores involucrados) estima que una pesquería está explotada hasta el límite de su capacidad o más allá de él, no deberían autorizarse fondos gubernamentales para mantener artificialmente vivas las actividades que se desarrollan en ella.
2. ¿Quién pesca?
Casi todos los acuerdos internacionales contemplan un “trato especial y diferenciado” para los países en desarrollo o los países menos desarrollados. Siguiendo esa línea, hay que tener en cuenta quién recibe el subsidio, y quién lo otorga. No es lo mismo un subsidio otorgado por el gobierno de un país en desarrollo, o en una economía pequeña y vulnerable, o por una organización internacional a un país en desarrollo, que los fondos desembolsados por un país desarrollado y con una economía sólida con la capacidad para absorber a quienes dejen el sector.
Tampoco es lo mismo quién, dentro de cada país, recibe el subsidio. Una cosa es financiar la pesca artesanal o de bajura, mantener vivas ciertas comunidades pesqueras por valores que se les otorgan –desde productivos hasta culturales o estéticos– y otra es financiar, de una u otra forma, las actividades de las grandes corporaciones pesqueras.
3. ¿Dónde se pesca?
Un factor que no es nada fácil de determinar es hasta dónde debe llegar la regulación de los subsidios. Los ecosistemas no tienen fronteras claramente definidas, y mucho menos los mares, que interactúan permanentemente y forman un tejido biológico que cubre el planeta entero. Sin embargo, los países sí tienen límites, aunque la soberanía con que ejerzan su autoridad en esos límites está a discusión.
No sólo debe tomarse en cuenta dónde se realiza la pesca y bajo la autoridad de quién (la zona económica exclusiva de un país, una zona bajo la tutela de una organización reguladora regional, aguas internacionales). Además, debe tenerse en consideración si esa pesca es de altamar, si está antes o después del final de las plataformas continentales y si tiene otra serie de características que distinguen esa área específica.
4. ¿Cómo se pesca?
Distintas formas de pesca tienen distintos impactos ambientales. No es lo mismo la pesca de cerco que la de arrastre, y una red no es lo mismo que otra. Hay ciertas formas de pescar claramente destructivas que no deben ser subsidiadas, si queremos seguir comiendo pescado y gozando de los servicios ambientales de la biodiversidad marina.
Hay, por ejemplo, amplio acuerdo sobre la necesidad de eliminar las redes de deriva y la pesca de arrastre. Una forma de hacerlo sería eliminar los subsidios que se les otorgan. Lo mismo ocurre con aquellas técnicas de pesca que, aunque tengan aparatos y aparejos aparentemente sustentables, por la forma en que se usan dañan el ecosistema. La pesca con líneas no es mala en sí, pero puede ser desastrosa dependiendo de la carnada que se uso y el cuidado que se ponga en su despliegue.
Y a todo esto, ¿México dónde está parado? Eso lo veremos en el siguiente y último artículo de la serie.
Otros artículos de la serie:
IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?
y VI. ¿Qué pasa en México?
La pesca, los subsidios y el colapso IV: ¿qué es, y qué no, un subsidio?
La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.
Uno de los principales problemas para lidiar con los subsidios ha sido el de decidir qué se incluye y qué no en la categoría: ¿Los apoyos horizontales, que afectan a todos los sectores, cuentan? ¿Qué se entiende por gobierno? ¿Qué se entiende por industria, o por sector? Además, desde cada perspectiva hay definiciones distintas, dependiendo de qué es lo que se busca explicar.
Según el estudio de UBC, en términos económicos los subsidios son “pagos por gobiernos a consumidores o productores que hacen que el factor costo recibido por los productores sea mayor que el precio de mercado cobrado por los mismos”. También anota que son programas de gobierno que permiten a una empresa aumentar sus ganancias por encima de lo que lo harían sin intervención del organismo público.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico define los subsidios como transferencias financieras gubernamentales. Estos son pagos directos, transferencias de reducción o absorción de costos, servicios generales (desde infraestructura portuaria hasta investigación y desarrollo) y apoyo de mercado (control de precios, etc).
La Organización Mundial de Comercio, por su parte, los define como contribuciones financieras del gobierno. Éstas pueden ser en forma, una vez más, de pagos directos, de impuestos perdonados, de bienes o servicios públicos específicos para el sector, o pagos de seguros o fideicomisos.
La Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO), a su vez, los define como “acciones o inacciones del gobierno que modifican las ganancias potenciales” en el sector. Estas acciones pueden ser positivas –aumentar la ganancias– o negativas –reducirlas–.
En términos ambientales, según cita el estudio de UBC, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) definió los subsidios a la pesca en términos ambientales, como “todo apoyo gubernamental a la industria pesquera que pueda tener un papel importante en animar la sobrepesca”. WWF también advirtió, según el mismo trabajo, que la definición de un subsidio no es neutral: tiene profundas implicaciones en política pública, por lo que se ataca o se apoya y se estudia o se ignora un subsidio según la definición que se tenga de ese instrumento.
Con esto en mente, ahora hay que saber qué atacar y qué permitir. ¿Es lo mismo un subsidio a una gran factoría que a una comunidad de pescadores? ¿Se debe tratar igual a un país en desarrollo que a un país del primer mundo? ¿Y si los afectados por los recortes a los subsidios en realidad no son los responsables del colapso? De esto hablaremos en el siguiente artículo.
Otros artículos de la serie:
V. ¿Qué permitir y qué prohibir?
y VI. ¿Qué pasa en México?
¿Cuántos años tiene el mar, y cuánto carbono ha absorbido?
Como tal, el mar no tiene edad, y los océanos están ahí casi desde que se formó el planeta. Lo que sí tiene edad son las masas de agua que lo recorren, y que arrastran hacia arriba y hacia abajo lo que recogen cuando salen a la superficie, cada cuatro o cinco cientos de años, más o menos. Ahora, un artículo publicado en Science explica que las aguas del mundo eran mucho más longevas antes de la última gran glaciación, y que absorbieron muchísimo carbono, que luego también liberaron.
Según explica Michael Sarnthein en su artículo, un equipo encabezado David Thornalley, de la Universidad de Cardiff, se basó para su estudio en las conchas de unos organismos marinos, que encontró a casi dos kilómetros de profundidad, cerca de Islandia. Sus conclusiones dan una idea de cómo han cambiado los mares: hoy, las masas de agua que se hunden en el océano tardan unos 500 años en volver a tomar aire; según Thornalley y sus colegas, hace 17 mil 500 años salió a la luz una masa de agua que tenía cinco mil años sin despegarse del fondo del mar.
Y con ella salió también el carbono que había almacenado, y al oxigenarse recogió otra tanda, y luego la volvió a hundir para no liberarlo hasta cientos de años después, y así sucesivamente, mientras le mundo giraba y el clima y la geología desviaban su camino y la hacían más grande o pequeña.






