La pesca, los subsidios y el colapso, y VI: ¿qué pasa en México?

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas 29 enero 2011

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Foto: Michele Molinari, con Licencia CC

El gobierno federal mexicano tiene una docena de programas de subsidios a la pesca, que en el Presupuesto de Egresos de la Federación de 2011 sumaron 3 mil 545 millones de pesos. Estos programas (como todos los que van destinados al campo) están agrupados en el Programa Especial Concurrente para el Desarrollo Rural Sustentable. El Programa Especial Concurrente, a su vez, está dividido en varios componentes, que se rigen por las Reglas de Operación que la Secretaría de Agricultura (Sagarpa) publica cada año.

En el componente que se refiere al Apoyo a la Inversión en Equipamiento e Infraestructura se incluyen los recursos para acuicultura y similares y de competitividad, que buscan “incrementar los niveles de capitalización de las unidades económicas pesqueras y acuícolas a través del apoyo subsidiario a la inversión en bienes de capital estratégicos para equipamiento e infraestructura”. Estos programas suman 925 millones de pesos.

También se contempla un fondo de electrificación para granjas acuícolas, con 190 millones de pesos, y un programa de Modernización de la Flota Pesquera y Racionalización del Esfuerzo Pesquero, que busca reducir el consumo de combustible de las embarcaciones. Este último tiene un presupuesto de 520 millones de pesos. Además, para el ejercicio fiscal de 2011 se etiquetaron recursos por 50 millones de pesos, que buscan aprovechar mejor la diversidad genética de la pesca.

En México hay un apoyo muy fuerte a los pescadores para que el dinero no se les vaya todo en combustible. En sus dos vertientes, de diésel marino y de gasolina ribereña, contempla un gasto de 800 millones de pesos. Los hombres de mar mexicanos cuentan también con una garantía contra fenómenos adversos, de 150 millones de pesos, y con un fondo para el desarrollo de mercados para su producto de 20 millones de pesos.

Dentro del programa de Sustentabilidad de los Recursos Naturales se establecen además dos programas. El primero, de Disminución del Esfuerzo Pesquero, cuenta con un presupuesto de 250 millones de pesos y busca “el retiro voluntario de embarcaciones que integran la flota mayor”. El segundo, de ordenamiento pesquero y acuícola, cuenta con 300 millones de pesos para generar instrumentos y mecanismos de regulación de las pesquerías y para “inducir el aprovechamiento sustentable de los recursos naturales”.

Además, hay varios programas que, aunque no van destinados explícitamente a la pesca, sí la afectan. Es el caso, por ejemplo, de los recursos para sanidad animal, o los de vigilancia del mar, que no van directamente etiquetados para el mar, pero de los que gozan quienes trabajan en las aguas nacionales.

La clasificación de algunos de los programas según las categorías que propuso el equipo de UBC es relativamente fácil. Así, por ejemplo, el programa de subsidio al Diésel Marino es claramente malo, y el de Disminución del Esfuerzo Pesquero, que además de retirar permisos y concesiones implica el desmantelamiento del barco, es obviamente bueno. Sin embargo, muchos otros son más bien feos, y hay que ir caso por caso para saber cuál es su efecto real en el mar.

La urgencia de decidir qué subsidios mantener, cuáles transformar y cuáles eliminar se hace patente al ver el estado de las pesquerías mexicanas –además, por supuesto, del estado general de las poblaciones de pescadores en términos de pobreza y potencial desperdiciado–.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

III. Los subsidios según UBC

IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?

V. ¿Qué permitir y qué prohibir?




La pesca, los subsidios y el colapso V: ¿qué permitir y qué prohibir?

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas 28 enero 2011

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Foto: Eugenio Fernández Vázquez con licencia CC

La industria de la pesca no es un monolito. Al contrario, bajo esa etiqueta se incluyen actividades tanto en agua dulce como en agua salada, y en tierra, como es el caso de la acuacultura. Los productos que se obtienen de esas distintas aguas también son muy variados: incluyen desde especies con tasas de reproducción tan altas que puede pescarse el 90% de una población sin amenazar su supervivencia, como el camarón, hasta especies de reproducción muy baja y con pocas esperanzas de sobrevivir a las amenazas, como algunas especies de tiburón.

Tampoco la población pesquera es homogénea: como pescadores se identifican tanto las grandes corporaciones que pescan en todos los mares, con flotas enormes, acciones que se venden en varios pisos de remate y miles de trabajadores, como las empresas familiares o los trabajadores del mar por cuenta propia. No es homogéneo ni siquiera el mar del que sacan sus productos: no es lo mismo la pesca de artes menores, que se hace a algunos centenares de metros de la playa, que la pesca de altura, que se hace a muchos kilómetros del litoral. Los artes o instrumentos que se usan para pescar son también distintos, y una tarraya como las usadas por los pescadores a pie de ola no puede entrar en la misma categoría que la pesca de arrastre de grandes profundidades. Todos estos factores deben ser tomados en cuenta al hacer la evaluación de un subsidio a la pesca.

1. ¿Qué se pesca?

Al decidir si un subsidio se parece al bueno de Clint Eastwood o al malo de Lee van Cleef, por seguir con la metáfora del equipo de UBC, uno de los elementos a tomar en cuenta es qué se pesca y cuáles son sus condiciones biológicas. También es importante revisar cuál es el estatus legal de esa especie (¿está protegida? ¿su comercio está permitido?, por ejemplo).

Un subsidio que apoya la pesca de especies protegidas por la legislación del país en cuyo territorio se pesca, o que a pesar de su alta movilidad son parte del ecosistema del litoral de dicho país, no debería ser autorizado. Lo mismo pasa con la legislación internacional: los subsidios a especies en la lista de CITES, o en estados de “en peligro” a “extinta” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, no deberían estar permitidos.

Lo mismo ocurre con el estado de una pesquería o de un banco. Si un estudio validado por gobiernos u organizaciones internacionales (los estándares a los que se someta la evaluación deben ser validados por los actores involucrados) estima que una pesquería está explotada hasta el límite de su capacidad o más allá de él, no deberían autorizarse fondos gubernamentales para mantener artificialmente vivas las actividades que se desarrollan en ella.

2. ¿Quién pesca?

Casi todos los acuerdos internacionales contemplan un “trato especial y diferenciado” para los países en desarrollo o los países menos desarrollados. Siguiendo esa línea, hay que tener en cuenta quién recibe el subsidio, y quién lo otorga. No es lo mismo un subsidio otorgado por el gobierno de un país en desarrollo, o en una economía pequeña y vulnerable, o por una organización internacional a un país en desarrollo, que los fondos desembolsados por un país desarrollado y con una economía sólida con la capacidad para absorber a quienes dejen el sector.

Tampoco es lo mismo quién, dentro de cada país, recibe el subsidio. Una cosa es financiar la pesca artesanal o de bajura, mantener vivas ciertas comunidades pesqueras por valores que se les otorgan –desde productivos hasta culturales o estéticos– y otra es financiar, de una u otra forma, las actividades de las grandes corporaciones pesqueras.

Foto: Lorenzo Maddalena, con licencia CC

3. ¿Dónde se pesca?

Un factor que no es nada fácil de determinar es hasta dónde debe llegar la regulación de los subsidios. Los ecosistemas no tienen fronteras claramente definidas, y mucho menos los mares, que interactúan permanentemente y forman un tejido biológico que cubre el planeta entero. Sin embargo, los países sí tienen límites, aunque la soberanía con que ejerzan su autoridad en esos límites está a discusión.

No sólo debe tomarse en cuenta dónde se realiza la pesca y bajo la autoridad de quién (la zona económica exclusiva de un país, una zona bajo la tutela de una organización reguladora regional, aguas internacionales). Además, debe tenerse en consideración si esa pesca es de altamar, si está antes o después del final de las plataformas continentales y si tiene otra serie de características que distinguen esa área específica.

4. ¿Cómo se pesca?

Distintas formas de pesca tienen distintos impactos ambientales. No es lo mismo la pesca de cerco que la de arrastre, y una red no es lo mismo que otra. Hay ciertas formas de pescar claramente destructivas que no deben ser subsidiadas, si queremos seguir comiendo pescado y gozando de los servicios ambientales de la biodiversidad marina.

Hay, por ejemplo, amplio acuerdo sobre la necesidad de eliminar las redes de deriva y la pesca de arrastre. Una forma de hacerlo sería eliminar los subsidios que se les otorgan. Lo mismo ocurre con aquellas técnicas de pesca que, aunque tengan aparatos y aparejos aparentemente sustentables, por la forma en que se usan dañan el ecosistema. La pesca con líneas no es mala en sí, pero puede ser desastrosa dependiendo de la carnada que se uso y el cuidado que se ponga en su despliegue.

Y a todo esto, ¿México dónde está parado? Eso lo veremos en el siguiente y último artículo de la serie.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

III. Los subsidios según UBC

IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?

y VI. ¿Qué pasa en México?




El 79% de las grandes empresas está implementando estrategias contra el cambio climático

Escrito por Agustín Mustieles en Calentamiento global 27 enero 2011

suEl 79 por ciento de las grandes empresas del mundo están implementando ya estrategias para afrontar el cambio climático, según pone de manifiesto el informe de Carbon Disclosure Project 2011 Supply Chain Report elaborado por la consultora A.T. Kearney.

El estudio revela además  que el 50 por ciento de las grandes empresas y el 60 por ciento de sus proveedores ya han comenzado a generar ahorros tras la implantación de prácticas sostenibles en sus cadenas de suministro y, de esta manera, han empezado a obtener retornos de la inversión realizada.

El 86 por ciento de las empresas encuestadas afirman haber obtenido beneficios comerciales tangibles al trabajar junto con sus proveedores en la mejora del rendimiento y en el retorno a la inversión, frente al 46 por ciento que lo afirmaba en 2009.

Este salto cuantitativo es prueba del interés creciente en las prácticas de compra sostenibles, dado que para la mayoría de las empresas, los proveedores representan al menos el 50 por ciento de sus emisiones de CO2.

El interés creciente por esta materia ha permitido a las compañías aprovechar mejor las oportunidades para el crecimiento de su negocio, el ahorro de costos y la reducción de emisiones de CO2, según informa la consultora.

Cada vez más empresas dan formación a su plantilla del departamento de compras en esta área (pasó de un 26 por ciento en 2009, a un 41 por ciento en 2010) e incentivan al personal con premios y reconocimiento (de un 11 por ciento en 2009, a un 25 por ciento en 2010).

Por último, la aplicación de estrategias sostenibles de suministro ha incrementado el nivel de motivación de los empleados en más de un 50 por ciento de las empresas encuestadas; además, la diferenciación de productos y del posicionamiento de la marca por el compromiso con la sostenibilidad se ha convertido en un objetivo de alta relevancia para las empresas, según afirman el 60 por ciento de los encuestados.

El informe analiza las actividades relacionadas con el cambio climático llevadas a cabo por 57 de las principales empresas internacionales y por 1.000 compañías proveedoras pertenecientes a diversos sectores.

Consulta aquí el 2011 Supply Chain Report de Carbon Disclosure Project

Vía:  Ecoherencia Consultoria ambiental




La pesca, los subsidios y el colapso IV: ¿qué es, y qué no, un subsidio?

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Uno de los principales problemas para lidiar con los subsidios ha sido el de decidir qué se incluye y qué no en la categoría: ¿Los apoyos horizontales, que afectan a todos los sectores, cuentan? ¿Qué se entiende por gobierno? ¿Qué se entiende por industria, o por sector? Además, desde cada perspectiva hay definiciones distintas, dependiendo de qué es lo que se busca explicar.

Foto: Eugenio Fernández Vázquez, con licencia CC

Según el estudio de UBC, en términos económicos los subsidios son “pagos por gobiernos a consumidores o productores que hacen que el factor costo recibido por los productores sea mayor que el precio de mercado cobrado por los mismos”. También anota que son programas de gobierno que permiten a una empresa aumentar sus ganancias por encima de lo que lo harían sin intervención del organismo público.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico define los subsidios como transferencias financieras gubernamentales. Estos son pagos directos, transferencias de reducción o absorción de costos, servicios generales (desde infraestructura portuaria hasta investigación y desarrollo) y apoyo de mercado (control de precios, etc).

La Organización Mundial de Comercio, por su parte, los define como contribuciones financieras del gobierno. Éstas pueden ser en forma, una vez más, de pagos directos, de impuestos perdonados, de bienes o servicios públicos específicos para el sector, o pagos de seguros o fideicomisos.

La Organización para la Alimentación y la Agricultura de Naciones Unidas (FAO), a su vez, los define como “acciones o inacciones del gobierno que modifican las ganancias potenciales” en el sector. Estas acciones pueden ser positivas –aumentar la ganancias– o negativas –reducirlas–.

En términos ambientales, según cita el estudio de UBC, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) definió los subsidios a la pesca en términos ambientales, como “todo apoyo gubernamental a la industria pesquera que pueda tener un papel importante en animar la sobrepesca”. WWF también advirtió, según el mismo trabajo, que la definición de un subsidio no es neutral: tiene profundas implicaciones en política pública, por lo que se ataca o se apoya y se estudia o se ignora un subsidio según la definición que se tenga de ese instrumento.

Con esto en mente, ahora hay que saber qué atacar y qué permitir. ¿Es lo mismo un subsidio a una gran factoría que a una comunidad de pescadores? ¿Se debe tratar igual a un país en desarrollo que a un país del primer mundo? ¿Y si los afectados por los recortes a los subsidios en realidad no son los responsables del colapso? De esto hablaremos en el siguiente artículo.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

III. Los subsidios según UBC

V. ¿Qué permitir y qué prohibir?

y VI. ¿Qué pasa en México?




La pesca, los subsidios y el colapso III: los subsidios según UBC

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas 26 enero 2011

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Foto: Dhammika Heempella, licencia CC

En lógica económica, hay dos problemas fundamentales con los subsidios a la pesca. Por un lado, alteran la relación entre escasez, precio de mercado y costos de producción. Por el otro, esta alteración mantiene en forma y velocidad la triada tóxica descrita por Pauly, provocando sucesivas tragedias de los comunes.

En teoría, y de forma muy esquemática, en ausencia de subsidios la disminución de los recursos en la costa conduciría a una reducción de la oferta real, al aumentar los costos de producción por la necesidad de buscar el pescado más lejos, con mayores inversiones de capital y de trabajo. Esto también haría que aumentaran los precios, provocando una reducción de la cantidad demandada.

El equipo que ha hecho los estudios más profundos y comprehensivos sobre subsidios a la pesca está en la Universidad de British Columbia, y en un artículo reciente definió subsidios a la pesca como “transferencias financieras, directas o indirectas, de entidades públicas al sector pesquero, que ayudan al sector a tener más ganancias de las que de otra forma tendría”. Su trabajo clasifica los subsidios en tres categorías, dependiendo de su impacto en el estado de las pesquerías: hay subsidios buenos, malos y feos, como en el spaghetti western.

Los subsidios buenos (Blondie, o Clint Eastwood en la película), son los que “llevan a una inversión en capital natural hasta alcanzar un óptimo social”. Son, por ejemplo, programas de manejo de pesquerías para garantizar su explotación sustentable, o de investigación y desarrollo de pesca.

Los subsidios malos (Angel Eyes, o Lee van Cleef), son los que llevan a una desinversión de capital natural pesquero desarrollando la capacidad pesquera más allá de la cosecha económica máxima (donde quienes pescan obtienen las mayores utilidades posibles). Son, por ejemplo, subsidios a la gasolina o para la construcción o modernización de barcos, o exenciones fiscales.

Los subsidios feos, como Tuco en la película (Eli Wallach), son ambiguos, ni buenos ni malos a priori. Pueden tener efectos beneficiosos para el medio ambiente o, por el contrario, contribuir a su agotamiento. Son, por ejemplo, programas de apoyo a los pescadores, que pueden provocar que mantengan su profesión aunque quizá no deberían, o que pueden llevar, si se ejercen bien, a un manejo más sustentable de los recursos pesqueros.

Ahora, aún sabiendo esto, todavía hay que bordar sobre qué es un subsidio, porque cómo se defina, explícitamente, implica muchas cosas. Y nadie, hasta la fecha, está del todo de acuerdo en las definiciones de los demás, como veremos en el siguiente artículo.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

II. La triada tóxica de Pauly

IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?

V. ¿Qué permitir y qué prohibir?

y VI. ¿Qué pasa en México?




Las 10 especies en peligro de extinción del 2010

Escrito por Agustín Mustieles en Conservación 25 enero 2011

El año pasado les presentamos la lista que hizo de World Wildlife Foundation (WWF) de 9 especies en peligro de extinción a las que había que prestarles especial atención en 2009. Este año han presentado la nueva lista para 2010 e incluye ahora 10 especies, 3 de ellas se repiten con respecto al año anterior, y hay 7 nuevas.

tig Tigre
Nuevos estudios indican que hay menos de 3200 tigres (Panthera tigris) en vida silvestre, y que estos ejemplares sólo ocupan el 7% del territorio original que abarcaban. La deforestación y la caza siguen siendo los principales enemigos de este gran felino.
os Oso polar
El oso polar (Ursus maritimus) se ha convertido en uno de los símbolos más importantes de los daños que produce el calentamiento global, ya que este fenómeno pone en riesgo la supervivencia de esta especie.
image Morsa del pacífico
Esta es otra de la victimas del calentamiento global. En septiembre de este año, más de 200 morsas fueron encontradas muertas en el mar de Chukchi en Alaska. Estos animales utilizaban el hielo flotante para descansar, dar a luz nuevas crías y durante el proceso de cría.
image Pingüino de Magallanes
El pingüino de Magallanes ha estado desde hace mucho tiempo amenazado por los derrames de petróleo en el mar, pero ahora enfrenta una amenaza mayor: el calentamiento de los océanos los ha obligado a nadar distancias mayores para encontrar comida.  El año pasado cientos de estos pingüinos fueron encontrados en la playas cercanas a Río de Janeiro, muy lejos de sus hábitats naturales, agotados de cansancio o muertos.
image Tortuga laúd
La más grande de las tortugas marinas, ha sobrevivido más de un millón de años, pero ahora se enfrenta a la extinción. En el pacífico, por ejemplo, se calcula que sólo quedan 2300 hembras adultas. Sus mayores amenazas son la pesca accidental por parte de las flotas pesqueras y el calentamiento global. La temperatura de los nidos determina en gran medida el sexo de las nuevas tortugas, y el aumento de temperatura está reduciendo la cantidad de machos.
image Atún azul del Atlántico
Las poblaciones del atún azul del Atlántico se encuentran en grave riesgo de colapsar si la pesca de esta especie no se detiene en el este del Atlántico y en el Mediterráneo. La pesca excesiva y no sustentable de esta codiciada especie la tienen al borde de la extinción.
image Gorila de montaña
El gorila de la montaña se encuentra en amenaza crítica  dado que sólo quedan 680 ejemplares en vida silvestre. Las áreas protegidas donde viven estos animales están en una de las zonas más pobladas de África por lo que se encuentran bajo constante presión. Los esfuerzos de conservación de esta especia han servido para que la población aumente un poco, pero a pesar de estos éxitos, la población de gorilas de la montaña sigue estando sumamente amenazada.
image Mariposa monarca
Cada año millones de mariposas monarcas migran del norte de nuestro continente a México para llegar a su hogar invernal, uno de los viajes más increíbles en la naturaleza. Bosques protegidos y bien conservados en México son esenciales para la supervivencia de esta magnífica especie, así como también sus hábitats en Estados Unidos y Canadá.
rin Rinoceronte de Java
Este es probablemente, de lo grandes mamíferos, el más raro en el mundo y está bajo peligro crítico de extinción.La cacería y la presión del crecimiento poblacional son las más grandes amenazas a las áreas protegidas donde viven. Sólo quedan dos poblaciones de este animal y menos de 60 ejemplares.
pa Panda gigante
Quedan alrededor de 1600 pandas gigantes en vida silvestre y enfrentan un futuro incierto. Los bosques en que habitan en las áreas montañosas del suroeste de China se han fragmentado, creando así muy pequeñas poblaciones, diseminadas y sin contacto.




La pesca, los subsidios y el colapso II: la triada tóxica de Pauly

Escrito por Eugenio Fernández Vázquez en Agua,Comercio,Ecosistemas

La pesca del mundo está acercándose cada vez más al colapso. ¿Por qué, siendo el mar tan ancho y el pescado tan abundante? En esta serie de seis artículos que publicaremos a lo largo de esta semana, intentaremos responderlo, y explicar el papel que juegan los subsidios gubernamentales en esta espiral que amenaza con dejarnos sin cocteles ni ceviches.

Foto: Eugenio Fernández Vázquez, con licencia CC

El doctor Daniel Pauly explicó que la tragedia de los comunes de la que hablamos en el artículo anterior fue consecuencia de una “triada tóxica”. Esta triada perversa está compuesta por tres expansiones distintas, causa y efecto del colapso de sucesivos ecosistemas y poblaciones de especies.

La primera expansión que Pauly cita fue un crecimiento del área geográfica en la que se desarrollaba el esfuerzo pesquero, primero hacia los mares del norte y el Ártico, después hacia los trópicos. Esta expansión fue posible gracias a la industrialización de la pesca y a la aparición de los motores. Esto permitió que no fueran sólo el capitán Ahab y balleneros por el estilo los que pescaran en altamar: el sector entero perdió de vista la tierra.

Hubo también una expansión batimétrica, o sea, de profundidad. Esto implicó, por un lado, un cambio de la pesca y el inicio del aprovechamiento de especies que viven mar adentro. Por el otro, provocó que se explotaran especies de aguas profundas, con baja productividad, gracias a la pesca de arrastre.

Esto, dice Pauly, ha provocado que se alteren las cadenas alimenticias, al reducir el número de depredadores finales. Además, ha desencadenado la tercera expansión, la taxonómica. En esta, los humanos hemos expandido nuestro menú: comemos especies marinas cada vez más cercanas a la base de la cadena alimenticia, llevándola peligrosamente hacia su fin, o las alimentamos a los peces que criamos en granjas, con el mismo efecto.

Estas expansiones, sin embargo, no hubieran sido posibles sin intervenciones que distorsionaron el mercado, las posibilidades de mantener la oferta, y la demanda por parte de los consumidores. Es decir, sin subsidios – buenos, malos y feos, por usar los términos de un estudio de la Universidad de British Columbia que revisaremos en la próxima entrega – no se hubiera llegado a esta situación.

Otros artículos de la serie:

I. La tragedia de los comunes

III. Los subsidios según UBC

IV. ¿Qué es, y qué no, un subsidio?

V. ¿Qué permitir y qué prohibir?

y VI. ¿Qué pasa en México?




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