¿Congelar los precios del combustible?
Con el paro camionero del pasado lunes 16 de febrero en 16 estados de la República, el dÃa fue de caos para la industria que vio sus mercancÃas inmovilizadas y para muchos usuarios del transporte público que vieron reducida la oferta de unidades para transportarse.
Sin embargo, el balance no fue del todo negativo. Para el Valle de México, en medio de una precontingencia ambiental, el paro disminuyó el tráfico y las emisiones contaminantes, particularmente de partÃculas suspendidas originadas de la quema de diesel con contenidos medios y altos de azufre. Estas emisiones inciden en numerosas muertes al año y pérdida de productividad laboral por enfermedades respiratorias.
Es claro que un contexto de crisis -que ya en México es más que un catarrito- apela por medidas de estÃmulo económico, entre ellas un [seductor] congelamiento o disminución del precio de insumos básicos como el diesel (o la electricidad), cuya fijación depende del Gobierno. Sin embargo, una medida de esta Ãndole mandarÃa señales inadecuadas al mercado, dando una falsa sensación de abundancia. El precio del diesel o la gasolina responde como cualquier bien a la interacción de oferta y demanda y un eventual congelamiento o disminución de su precio necesitarÃa subsidios que conviene desmontar.
A nivel urbano, donde las externalidades negativas de la congestión y contaminación son mayores debido a que mayor población está expuesta el efecto serÃa particularmente negativo. Con el congelamiento o disminución del precio de los combustibles los agentes económicos serÃan aún menos conscientes de los prejuicios sociales y ambientales que causan. ¿De qué estamos hablando? Aquà algunos ejemplos:
La propietaria de una flamante SUV que la utiliza para llevar a sus hijos a la escuela o pasear su perro chihuahueño hace aproximadamente 11 km por litro de gasolina. Un carro compacto. que bien servirÃa sus necesidades de locomoción urbana, duplica la economÃa de combustible. Si al dÃa nuestra amiga recorre 50km, al año recibÃa casi 4,000 pesos de subsidio gubernamental antes de la reducción de subsidios de 2008 por usar su SUV. En vez de incidir en la polÃtica de precios, es importante que nuestra automovilista ponga en lÃnea sus necesidades con el tipo de coche que selecciona. Si cambiara su SUV tipo elefante por un coche compacto o uno hÃbrido eléctrico-gasolina mucho más eficiente verÃa disminuido su pago de gasolina, incluso con el desmonte total de subsidio. Esto sin contar la posibilidad de compartir el coche con sus amigas o usar el Metrobús (que cada vez está más chulo). Una polÃtica pública más acertada serÃa mejorar el transporte público o dar tenencia o estacionamiento con descuento a vehÃculos eficientes y penalizar aquellos menos eficientes que consumen más combustible y más espacio vial.
Ahora el caso del transporte urbano público de superficie. El problema no es tanto el precio del combustible, no señores. La industria de los microbuses del D.F. mueve al año mÃnimo 1,000 MUSD, una cifra espectacular si pensamos que se recauda de pesito a pesito. El problema es más bien la organización de este sector, donde el modelo hombre-camión (en vez de empresa mercantil) lleva a un problema de sobreoferta de unidades en la calle. En cualquier corredor de la Ciudad de México, es común que haya una sobreoferta de más del 50% de microbuses. Esto quiere decir, que podrÃan funcionar con 50% menos unidades de manera mucho más productiva. Si eliminamos la sobreoferta y reemplazamos los obsoletos microbuses por vehÃculos tipo Metrobús, el consumo total de combustible para un corredor determinado puede bajar fácilmente en 35%. Nuevamente, no es necesario manipular los precios del diesel. Es mucho más eficiente a nivel social atacar el problema: la estructura del negocio que hace que sea ineficiente. Asimismo, puede considerarse otorgar incentivos a vehÃculos con mejor accesibilidad o impacto ambiental. Los autobuses hÃbridos no están muy lejos de entrar al mercado; un horizonte de 3 a 5 años parece razonable.
AsÃ, el precio de los combustibles, lejos de congelarse o caer, deberÃa internalizar el costo social (enfermedades respiratorias, muertes) y ambiental (gasto de recursos no renovables) que causa su utilización. De hecho, una eventual “sobretasa verde” de mÃnimo costo podrÃa reinvertirse en la mejora del transporte público; en infraestructura de refinación necesaria para obtener combustibles más limpios; o en investigación sobre combustibles renovables. Una “sobretasa verde” pondrÃa en lÃnea los incentivos de nuestros agentes económicos, sea nuestra amiga de la SUV o la industria del transporte urbano.
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Tags: combustible, transporte
2 comentarios »
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http://www.zurdasiniestra.org AgustÃn Mustieles
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Bloggista Verde


